Por Lucio Agustín Torres*
Hay veces en las que algunas personas fingen estar
tristes para dar pena a los que las rodean. También hay personas que, aunque
realmente no lo sientan de verdad, lloran; pero no son lágrimas de sufrimiento ni
de pesadumbre real, sino que son más bien fingidas. Pues bien, a todas esas
lágrimas derramadas sin sentimiento, que no son de verdad, sino que son
fingidas se las llama lágrimas de cocodrilo. El viernes por la mañana, una
escuela primaria en Connecticut se convirtió en un infierno para los niños. Era
un lugar de inocencia, un refugio donde los pequeños aprendían, reían y
jugaban. Ahora, es un sitio de conmoción y dolor, con una escena del crimen
espeluznante. Veintiséis personas muertas, veinte son inocentes niños.
A principios de este verano, un cine en Colorado también
fue marcado por la tragedia después de que un atacante mató a tiros a 12
personas en la proyección de la última película de Batman. El ocho de enero del
2011, Jared Lee; con una pistola semiautomática y tres cartucheras, intento
matar a la congresista Gabrielle Giffords – matando a seis personas y dejando a
trece heridos. La universidad de Virginia Tech, el dieciséis de abril del 2007
un estudiante coreano mato a treinta dos personas. En abril de 1999 los
estudiantes Eric Harris y Dylan Klebold irrumpieron en el instituto Columbine
de Littleton, Colorado matando a tiros a doce estudiantes y un profesor antes
de suicidarse, los atacantes iban armados con un fusil de asalto dos escopetas
y un revólver.
¿Cómo paramos esta maldita violencia? ¿Parar?… Este es un
negocio muy lucrativo.
