Escribe Manuel
Cunza García
Lagrimas sollozos
y abrazos, palabras de aliento para tranquilizar. Se apaga una vida, los días
de estos casos no están previstos, ni en la sociedad ni en una comunidad, ni
siquiera como dicen, “en las mejores familias suceden”.
Los vacios de
estos hechos son imposibles de llenar, el dolor es de los valientes que sienten
en lo más profundo de su ser, eso que no se puede prever, eso que está escrito
en alguna pagina. El destino, de cuyo libreto,
nadie puede sustraerse. El destino está escrito en alguna página de
nuestra vida.
Ahí, donde no hay
categorías, donde no hay clases sociales, donde no hay poderosos y pudientes,
donde no hay pobres ni desvalidos. Ahí, donde iremos todos los humanos sin
distinción. Ahí donde se nos ha reservado una porción de tierra, que de donde
provenimos, según el designio divino. Un joven que ingresaba al umbral de la
vida, quiso dejar su juventud, su alegría, la sorpresa de los suyos, la dulzura
de una vida juvenil y prometedora, con sus 22 años a cuestas, encuentra la
muerte, ahí donde no sabemos si alguien nos empuja.
