Por Raúl Wiener
No puedo evitar un tono personal en la nota que sigue a
continuación.
Javier se ha ido. Después de una lucha heroica y desigual de
las que siempre estuvo dispuesto a librar.
Llevada además con una dignidad ejemplar. Sin mostrar fotos
de su dolor, guardando el silencio de su esposa y sus hijos que estuvieron a su
lado los cuatro intensos meses de su enfermedad, pero que no se mostraron
porque creían que esta vez la pelea pertenecía al espacio de la intimidad.
Los que sabíamos que era lo que se estaba jugando creamos
una red de información que trataba de proteger el deseo de Javier y su familia
de evitar que los reflectores se colocaran sobre ellos. Fue su decisión y se
mantuvo firme hasta el final.







